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EL AUTORNací un 30 de Abril del año 1951, en Madrid.
La cigüeña me abandonó en el mejor lugar; en el mejor hogar que encontró en aquel amanecer.
Sobrevolaba la calle Ayala, y en el número 7, se posó suavemente en el ático; en la gran terraza del 6º derecha. Allí estaban mis padres y así fue como les conocí. Aunque no entendía bien por qué se abrazaban y se miraban emocionados, sí comencé a sentir enseguida el calor y el bienestar de toda la ternura y de todo el cariño que había en sus miradas y en sus primeros roces, cuando con sus dedos me hacían cosquillas en la palma de mis manos. Llegué incluso a pensar, si habría apretado con demasiada fuerza mis puños sobre ellos, porque al hacerlo, a los dos se les saltaron las lágrimas.
En cuanto aprendí a hablar me llevaron al colegio La Salle-Maravillas, decididos a que también aprendiera a leer, a escribir y a resolver ecuaciones de 1º y 2º grado. Mi padre, Luis, me enseñó a pescar y a disfrutar de la naturaleza con magníficos resultados.
Después de asistir durante 11 años a las aulas del colegio Maravillas, decidí hacerme un año mayor, estudiando el preuniversitario en una academia de la calle Hermosilla: en la Dobao Díaz Guerra.
Al año siguiente, me matriculé por fin, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, en donde mi padre era catedrático de electrotecnia. Quería ser como él. Pero no lo conseguí, porque a los 23 años me casé con mi primera novia formal, con Mamen, y empecé con su ayuda mi nueva carrera: la de gran padre de familia numerosísima. Pero todavía sigo, ahora con la ayuda de Sara, ampliándola. Y ya son 9 los hijos que tengo.
Mientras tanto y para sobrevivir, hice de todo. Al comienzo de mi vida como padre, di clases particulares de matemáticas. Luego me inicié como marchante de cualquier cosa, pero sobre todo, dediqué gran parte de todos esos años al descubrimiento de las perlas cultivadas o de las exquisitas tallas de marfil japonesas, y a su comercio internacional. También disfruté mucho con la pintura del siglo XIX y con los bargueños del siglo XVII, ejerciendo como anticuario.
El 13 de Marzo de 2009, ingresé en un colegio enorme: en la cárcel de Soto del Real, en Madrid, y allí fue donde se empezó a escribir este libro...